Vampiros de la Productividad -
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Vampiros de la Productividad

Hace tiempo leí una frase que me llamó mucho la atención y que decía “La inteligencia no es cometer errores, sino trabajar para no repetirlos”. No tengo claro de quién es la frase pero desde luego me parece muy acertada. Es más, me hizo plantearme hasta qué puntos somos conscientes de la cantidad de veces que repetimos un mismo error… y qué poco hacemos por corregirlo!

En todos nuestros cursos de productividad hacemos un ejercicio que considero clave , y que suele dar muy buen resultado: Reflexionar sobre nuestros vampiros de productividad. ¿Qué son los vampiros productivamente hablando? Pues todo aquello que te chupa tu energía a la hora de trabajar, lo que te hace ser ineficiente, lo qué te genera perdidas de concentración (y por consiguiente, de calidad en tu trabajo)… En definitiva, todos aquellos elementos externos (interrupciones) o internos (distracciones) que contribuyen a que te vayas a casa diciendo frases como “No me ha cundido el día” o “Estoy desbordado de trabajo”. Y ¿porqué hacemos esto? Porque si eres conscientes de en qué fallas, puedes buscar una solución (o varias), puede tratar de no repetir ese error, o al menos, puedes intentar combatirlo. Pero si no sabes en que me equivocas, probablemente seguirás tropezando en la misma piedra una y otra vez…

Independientemente del nivel jerárquico dentro de la organización, del tipo de trabajo o de la experiencia profesional, siempre nos encontramos con tres grandes vampiros que se repiten una y otra vez cuando conversamos con los participantes de nuestros cursos y para los que brevemente propongo algunas reflexiones:

La mala gestión del email: Que yo sepa, a nadie se le contrata para contestar correos electrónicos sino para conseguir resultados y para alcanzar los objetivos de su puesto. Entonces ¿porqué dedicas más de dos horas diarias de media a leer y escribir correos? ¿Porqué no usas reglas o filtros que te ayuden a clasificar los mails según su relevancia, destinatario o asunto? ¿Porqué no escribes correos más sencillos, claros y directos? ¿O porqué no desactivas las notificaciones para evitar distracciones?

Las constantes interrupciones: No te engañes. A no ser que trabajes solo en una gruta en el desierto, alguien te va a interrumpir mientras estés trabajando. Eso es inevitable, y cuanto antes lo asumas, mejor. Ahora, de asumirlo a resignarse hay un gran trecho y seguro que puedes hacer algo para minimizar esas interrupciones. ¿Puedes “aislarte” en una sala? ¿Podrías educar a tu entorno para que la famosa frase “¿tienes un minuto?” no se convierta en una constante? ¿Porqué no designas momentos concretos para que los demás puedan interrumpirte? Piensa que si te interrumpen, cortas tu concentración y por tanto, abres la puerta a los errores y a olvidarte de lo importante.

La falta de planificación individual: Dice un dicho marinero que a quien no sabe donde va, cualquier viento es bueno. Y no me digas de antemano eso de “la planificación no vale de nada porque nunca se cumple” porque realmente es mejor saber hacia donde tienes que focalizar tus esfuerzo que trabajar como un pollo sin cabeza. Cuando llegas por la mañana ¿Sabes en

qué tarea debes poner toda tu energía? ¿O te dedicas a hacer una lista de lo que debes hacer? Está comprobado que si te vas a la cama sabiendo qué vas a hacer al día siguiente y en qué momento, cuando llegas a la oficina te sientas y trabajas. Así que ¿por qué no decides esta tarde antes de irte a casa a qué te vas a dedicar mañana?

Tal vez eches de menos algún otro vampiro, y te aseguro que hay muchos más, porque cada uno tenemos unos que nos afectan en mayor o menor medida. Lo importante no es ya sólo identificarlos sino ser consciente de que realmente puedes hacer muchas cosas por combatirlos… y no solo con ajos y estacas!

 

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