Experimento: Productividad y niños -
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Experimento: Productividad y niños

Después de tres semanas de más que merecidas vacaciones, el pasado 23 de agosto me incorporé a trabajar aunque de manera muy relajada. Hasta mediados de septiembre no he empezado a impartir cursos, pero tenía bastantes cosas que organizar y planificar y quería hacerlo con tiempo suficiente así que decidí ir poco a poco para ir cogiendo ritmo de trabajo. Uno de esos días me dio por hacer un experimento y aunque de antemano ya sabía cuál iba a ser el resultado, quise comprobarlo empíricamente.

 

Os pongo en situación para que entendáis bien el entorno en el que se desarrolló el experimento:

 

Normalmente trabajo en mi oficina, pero ese día decidí trabajar en casa, donde no tengo un despacho ni nada parecido, así que utilicé la mesa del comedor. Tengo dos maravillosos hijos: Pablo, de 3 años y medio e Inés, de algo más de año y medio. Como os podéis imaginar, la energía se les sale por las orejas y no paran quietos, juegan, saltan, corren, esparcen todos los juguetes por la casa, tienen sus peleillas… Vamos, lo normal!.

 

Con estos “elementos” mi experimento consistió en ver cuánto tiempo era capaz de estar concentrado y tratar de manejar de la mejor manera las interrupciones y distracciones. Para ello traté de hacer algunas tareas que requirieran un nivel medio-alto de concentración (aunque era consciente de que tendría que repetirlas o cuando menos revisarlas otro día en la oficina, pero ése era el peaje a pagar por el experimento) y fui anotando las interrupciones y distracciones que sufría.

 

Pues bien, los resultados del experimento que empezó a las 9.30h cuando me senté por primera vez delante del ordenador con los niños ya despiertos y rondando por el salón fueron:

 

  • Inés se puso a llorar tres veces por que quería sentarse conmigo y tocar las teclas del ordenador (cosa que le dejé hacer dos veces para que se callara).
  • Tuve que llevar a Pablo al cuarto de baño a hacer sus cositas una vez.
  • La cuidadora me interrumpió dos veces para preguntarme la ropa que le ponía a los niños y si podía pasar el aspirador por el salón.
  • Me vi obligado a poner canciones del Cantajuegos en la tele para que los niños se estuvieran quietos un rato y me dejaran tranquilos. Sólo aguantaron 10 minutos sentados sin interrumpirme hasta que tuve que cambiar para ponerles dibujitos de animales.
  • Tuve que mediar en cuatro peleillas entre los niños (dos veces porque Inés le quitaba las figuritas de animales a Pablo, una porque Pablo le quitaba la muñeca a Inés (donde las dan las toman) y otra porque se peleaban por coger el maletín de médicos de juguete.
  • Cuatro veces tuve que prometerle a Pablo que me bañaría con él en la piscina “pero en lo hondo, ¿vale Papá?”
  • Llamaron dos veces al teléfono de casa, que por cierto no suena casi nunca, pero hoy que era el día del experimento se cumplió la ley de Murphy.
  • Me distraje cinco veces mirando cómo Inés bailaba y daba palmas al son de la música del Cantajuegos (al tiempo que se me caía la baba con mi niña, no lo voy a negar).

En vista de cómo iban las cosas y como no pude hacer prácticamente nada de lo que me había propuesto, a las 11.35 di por concluido el experimento, me puse el bañador y me fui a la piscina con los niños, entre otras cosas, para cumplir con mi promesas de baño 😉

No creo que a ninguno de vosotros os haya extrañado lo que me ocurrió, especialmente si tenéis hijos, pero sin duda es una muestra clara de la importancia que tiene estar realmente concentrados en nuestro trabajo. Muchas veces no somos conscientes de la importancia que tiene estar metidos en La Zona (ese estado en el cual somos capaces de vaciar nuestra mente para estar totalmente focalizados en una tarea, de manera que nuestro cerebro esté a pleno rendimiento y nos permita trabajar con mayor calidad, creatividad y rapidez). En la película La Leyenda de Bagger Vance hay una escena en la que Will Smith lo llama “estar en el campo” y demuestra de manera genial a qué me refiero. Podéis verlo aquí.

Yo siempre digo que para estar realmente concentrados hacen falta tres cosas:

  • Un entorno físico adecuado: Utiliza una mesa lo más despejada posible, sin elementos que faciliten las distracciones, una silla cómoda, luz adecuada (y a ser posible natural) y las herramientas justas que necesites (lo cual por cierto no suele incluir tu móvil, así que déjalo en un cajón o ponlo en silencio y boca abajo).
  • Ambiente facilitador: Estar concentrado en un lugar propenso a las interrupciones seguramente no es el más adecuado. (véase como ejemplo el salón de mi casa). Busca tu rincón de concentración o pon los medios necesarios para que nadie te moleste (irse a una sala o ponerse los auriculares suele funcionar muy bien).
  • Motivación: Estar concentrado requiere querer estar concentrado. Piensa que si te falta esa motivación vas a ser presa fácil de las distracciones y tienes que lucha contra ellas ya que son tu peor enemigo.

 

Así que ya lo sabes, dale a tu concentración la importancia que tiene para hacer realmente bien tu trabajo. Y los experimentos, con gaseosa, que ya sabemos que con los niños no funciona… 😉

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